¿Le sirve a Colombia el voto desde los dieciséis años? En Deb(A)te

Laura Camila Hernández | March 15, 2017, 8 a.m.

Fuente: La Nación

Uno de los aspectos más importantes en el ejercicio de la ciudadanía es tener la posibilidad de
votar. Con dieciocho años recién cumplidos, puedo decir que me siento responsable de
seguir, e informarme, acerca de las elecciones presidenciales y de senado de 2018, con tal de
optar por la mejor opción. Pero, ¿piensan todas las personas que adquieren la mayoría de
edad de la misma manera? Y más aún, ¿están los adolescentes de dieciséis años, en
Colombia, listos para acudir a las urnas? El debate acerca de esta última cuestión ha estado en
boca de todos, gracias a que se contempla dentro de la propuesta para la nueva reforma polí
tica. Evidentemente, cuenta con partidarios y detractores, que exponen argumentos de peso
para admitir o descartar dicha propuesta, pero una conclusión al respecto esta por fuera del
panorama.

El propósito de toda reforma política es eliminar aquellas normas, contempladas en la
constitución, que impiden el desarrollo de algún sector, con el propósito de promover el
bienestar colectivo. Entonces, ¿qué beneficios representa para el país el hecho de que los
adolescentes puedan votar desde los dieciséis años? Para responder esta pregunta se pueden
tener en cuenta los ejemplos de aquellos países que han disminuido la edad para poder votar,
como Argentina, o los que han permitido la participación de los más jóvenes en decisiones
sustantivas, como Escocia, con el fin de incentivar el interés de dicha población por
cuestiones políticas. En Argentina, es evidente que la diferencia que hacen no es
determinante, porque representan menos del 2% de la población habilitada para votar. Sin
embargo, su participación es excepcionalmente alta (80% en las elecciones legislativas de
2013), e incluso supera la de aquellos que se encuentran entre los dieciocho y veinte años.
Por otro lado, en Escocia, donde se permitió el voto desde los dieciséis años en el referendo
independentista, la participación de los menores de edad fue del 75%, mucho mayor que la de
las personas entre dieciocho y veintiún años, que fue del 54%. Además, los primeros fueron
parte activa en el proceso y evidenciaron tener una opinión radicalmente diferente a la de las
personas en rangos de edad mucho mayores. A tal punto que, del Álamo afirma que, de ser
una nación menos longeva, hoy día sería independiente. Todo lo anterior lleva a inferir que,
involucrar a la población más jóven en el proceso electoral es un ejercicio pedagógico que
promueve el fortalecimiento de la cultura política. Es decir, tener en cuenta los puntos de vista de los jóvenes, a pesar de no ser mayores de edad, dándoles un papel en las elecciones,
puede generar una mayor motivación en este grupo para expresarse mediante el sufragio.

Ahora bien, ¿permitir a los jóvenes votar desde los dieciséis años, podría ser una estrategia ú
til para combatir la apatía política que existe en Colombia? Vivimos en un país donde,
francamente, a la gente le interesa muy poco elegir responsablemente a sus gobernantes. Lo
anterior se evidencia en los altos niveles de abstencionismo que han alcanzado incluso un
59% en elecciones presidenciales, de acuerdo con la Registraduría, y los recurrentes escá
ndalos relacionados a la compra de votos, en poblaciones marginales y vulnerables. Sin duda
alguna, es un fenómeno que debe combatirse con el fin de cumplir satisfactoriamente los
objetivos de una democracia, y esto solo puede realizarse a través de la educación. Lo que me
lleva al punto central: el proceso electoral va mucho más allá de la inscripción de la cédula y
el acercamiento a las urnas, razón por la cual, sin importar la edad del votante, si este no
cuenta con las herramientas y la libertad para realizar una decisión a conciencia, autónoma y
coherente con sus intereses, no sirve de nada a la democracia que ejerza su derecho al voto.
La discusión debe ser más profunda. Si se va a autorizar dicha medida, es indispensable que
esta población no sea pasiva y desaproveche la oportunidad. Por lo tanto, la estrategia debe
trascender y buscar involucrar a los adolescentes, para que ocurran hechos como los
registrados en Escocia y Argentina, en donde son participativos y propositivos. Lograr el voto
responsable por parte de las nuevas generaciones es el primer paso en el fortalecimiento de la
democracia, a través del desarrollo de posturas críticas que aporten a la transformación del
país.

Así como se aprende a caminar y a hablar, también se debe aprender a elegir nuestros
dirigentes, por lo que, si la aprobación del voto a partir de los dieciséis años va acompañada
de estrategias que fortalezcan y promuevan una cultura política participativa y coherente
desde la adolescencia, bienvenida sea.