Invertir en deporte en tiempos de crisis fiscal Al Margen

Laura Grandas y José Elías Turizo | Nov. 4, 2016, 4:14 p.m.


En el contexto de una crisis de sostenibilidad fiscal, se hace evidente la necesidad de recortar el gasto público. ¿Cómo se debería ponderar la reducción en sectores como el deporte? Este texto busca responder esta pregunta desde el concepto de bienes no cuantificables.

En el debate por el problema de sostenibilidad fiscal que atraviesa el país, se presentan varias alternativas. Dentro de esas opciones, surgen al menos dos desde el recurso de política fiscal. La primera es un aumento en el recaudo del gobierno y la segunda es una disminución en el gasto fiscal. Esta última es la alternativa más viable políticamente y es, entonces, el foco de este análisis. Al disminuir el gasto del gobierno, manteniendo constante el recaudo, se logra un superávit en la balanza de las finanzas públicas. La pregunta es en qué sector es preferible hacer ese recorte. El principal criterio de elección para focalización del gasto público debería ser el nivel de beneficio que le genera a la sociedad la inversión estatal en cada sector. Aparece entonces un cuestionamiento sobre la utilidad que genera la inversión en deporte sobre otros sectores, entre ellos la educación.

La razón de que surja esa pregunta es que desde una visión reduccionista de lo que se considera beneficio social se puede argumentar que el deporte genera utilidad directa para muy pocos individuos mientras que el beneficio a la comunidad en sentido amplio es muy bajo. Esto es porque no conlleva un aumento directo en la capacidad productiva de la sociedad o la creación de nueva tecnología y, por lo tanto, no genera valor real. Parecería a simple vista que resulta mucho más provechoso destinar esos recursos directamente al sistema educativo clásico. Sin embargo, este análisis desconoce la dimensión cualitativa de lo que se denomina calidad de vida: es el aspecto que se deriva de la existencia de bienes y servicios con utilidad no cuantificable.
En el caso del sector deportivo, su aporte en cuanto a utilidad social radica en su mayoría en elementos como la creación de una identidad cultural y cohesión social, la provisión de medios de entretenimiento y ocio que generan calidad de vida en los ciudadanos. Estos no son beneficios fácilmente cuantificables, pero es innegable su importancia para el bienestar de la sociedad. En este sentido, contrario a lo que la visión reduccionista propone, se hace evidente que el deporte sí genera una utilidad importante para la comunidad, y por lo tanto la decisión sobre reducir el gasto público en este sector no es obvia. Las políticas de focalización del gasto público no se reducen a una comparación de utilidad contable, sino que es necesario incluir en el análisis las ventajas no cuantificables de la inversión en cada sector.

Si se atiende a todo lo anterior, es lógico afirmar que la inversión pública en deporte sí es importante por los retornos sociales que genera en sentido amplio. En esta medida, en el contexto de la focalización de gasto público por los actuales problemas de sostenibilidad fiscal, es un error contemplar al deporte como un sector prioritario para recortes. Lo anterior si se considera el análisis aquí expuesto sobre bienes y servicios no cuantificables y su incidencia en la calidad de vida. Reconocer esta realidad es asimismo concebir un contexto de desarrollo humano y calidad de vida más allá de la capacidad productiva material y cuantificable de los individuos.