Ni como lo querían las Farc, ni como lo quería el gobierno. Opinion

Josías Fiesco | Oct. 7, 2016, 7 p.m.


Orgulloso. Sin palabras. Qué criterio. Un No contundente se abrió paso entre los ojos atónitos de la clase política, ese fue el mensaje del pasado 2 de octubre a los acuerdos entre el gobierno y las Farc. Logró derrotar a Roy, a Benedetti, a Juan Manuel, a Cristo, a Serpa, a Cepeda y compañía, esa fauna vestida de blanco que hacía cálculos para rematar el festín que habían iniciado hace sólo unos días en Cartagena. Frenados en seco quedaron, quietos en primera. Sin tours por Europa para exhibir a las Farc como abanderados de la paz, con prontuario limpio, de guayaberas blancas, sin dar un peso a las víctimas, como partido político, y miembros del Congreso. Sin entregar los niños de sus filas, algo que muchos no pudimos superar, y mucho menos aceptar. Colombia dijo No. No lograron conectar a los colombianos, ni durante el proceso, ni mucho menos este domingo. Así lo dejó claro la abstención de más del 60% de los ciudadanos que decidieron no asistir a la cita más promocionada, la más necesitada en los círculos de esta fría ciudad, tal vez la más pautada, pero la que no convocó.

Voté No, convencido y con la conciencia limpia de que no podía ser la paz de un sector colombiano, desconociendo a los que nos indignaba lo que entre ellos y solo para ellos parecía irrelevante. Nunca se refirieron a los 6000 jóvenes de las Farc ni a las rutas del narcotráfico, lo que nos condenaba a tener una nueva generación de guerrilleros con la misma financiación. No me cabía en la cabeza cómo habría sido el panorama con todo lo que planeaban restregarle a los colombianos en los próximos años. Sé que tengo que pasar por encima de mis emociones personales y seguir exigiendo compromisos reales por la juventud, así le incomode a Santos y ni qué decir a las Farc, o al que sea, porque la continuidad de la guerra no la vivirán ellos sino nuestra generación con diferente uniforme.

Mirar el mapa de Colombia y constatar que aquellas regiones de dominio guerrillero a las cuales les beneficiaba que Colombia dijera SI, terminaran votando Si, no es nada nuevo. Así eligieron varios de sus congresistas, aunque de la Farcpolítica nunca se volvió a escuchar ni mú. Me refiero a municipios del Cauca, Nariño, Chocó, el Valle, la Costa Caribe y la Orinoquía. Menos mal hubo quienes, sin presión guerrillera en la nuca, salimos a defender nuestra democracia, nuestros valores nacionales, departamentos como Antioquia, Caldas, Risaralda, Quindío…

Bajen el umbral que quieran, señores, en La Habana o en el Congreso colombiano, Colombia tiene criterio. Qué emoción. Todavía no la creo. Siento emoción de que este plebiscito se haya convertido en un triunfo del criterio, de aquellos colombianos que, en su interior, lo hicimos convencidos de que era lo correcto. Frente a quienes, sin vergüenza alguna, anunciaban recortes en el presupuesto del Sistema de Salud en 2017, la disminución en más de mil millones al programa de desayunos escolares que dejaría por fuera a 700 mil niños, como lo anunció el Viceministro de Educación, sin mínima vergüenza. Qué decir de la desindustrialización colombiana que se disparó en los últimos cinco años y aumentó el desempleo y el desarrollo económico. También, aumentó la deuda externa a niveles históricos. En fin, nos decían que así se encontraba la paz más rápido y que esta estaba a la vuelta de la esquina. La historia de este domingo se escribirá como el logro de lo impensable contra todo pronóstico.

Uilizaron a las víctimas y les dijeron que eran el centro de lo acordado, aunque de las Farc no saliera un sólo peso, y el sapo para tragarnos era “que no tenían ni un peso”. De nuevo la clase política vestida de blanco y celebrando en Cartagena quiso lograr sus deseos.

De mi parte, celebraré este día de criterio ciudadano y este capítulo negro para la clase política, seguiré luchando por la paz de mi país, no como lo quiera las Farc ni sus comités de aplausos. Sin el sacrificio de lo social, de los programas del Estado, porque desde el domingo volvimos a tener un Estado social de derecho y no instituciones más grandes y costosas. ¡Qué criterio, qué lección, no todo se compra, el criterio No! Ahora a renegociar los acuerdos, que no eran buenos para los colombianos ni como lo querían las Farc, ni como lo quería el gobierno.