Guía de supervivencia: la transmi-economía y porqué tomar el F1. Al Margen

Juan David Suárez | June 14, 2016, 1 p.m.


En una tarde aburrida en Transmilenio, bajo un calor sofocante y estripados como sardinas, decidí leer un par de noticias en mi celular. Como analista inexperto de actualidad, lo único que encontré bajo la luz de Pulzo fueron las noticias poco innovadoras de Vicky Davila y Santos. Aburrido de las mismas cosas, busqué columnas de opinión que expresaran nuevas ideas y que me dieran palabras para escribir este artículo. Entre cosas interesantes, encontré algo que me llamó la atención, sobre todo por la situación en la que estaba: El “Transmilenio y el mono que llevamos dentro” de Fernando Rojas Parra1.
El artículo, para aclarar, hablaba de como dos primatólogos podían explicar las soluciones a nuestro codazos, empujones y, hasta en algunos casos, los pellizcos que algunos hemos sentido en el sistema. Fernando lograba explicar cómo el individualismo ha llevado a una crisis en la cultura ciudadana y cómo nos hemos alejado de la cooperación y el bienestar social en estos recintos. Este análisis me dio una idea para escribir, ¿Por qué no analizar el comportamiento de la personas en Transmilenio con teoría económica? Y sobre todo, más allá que concluir acerca del problema en cultura, cómo analizar las decisiones para tener tips de sobrevivencia en el sistema. Pues bueno… esto fue lo que salió del experimento.
Primero, la ciencia económica ha crecido bajo lo que podríamos llamar un “método científico”, fundamentado en la idea de que todo comportamiento social se puede explicar bajo decisiones individuales y en una teoría de elección racional de los individuos, en donde los agentes toman decisiones para maximizar su interés propio. ¡Ahora si pasemos al Transmilenio!
Según esa teoría, las personas en Transmilenio tomarían sus decisiones en base de la maximización de sus utilidades e intereses. Supongamos algo simple, nuestra utilidad al entrar en el sistema depende del tiempo y de la comodidad con que viajamos. Primero, nuestro objetivo en el Transmilenio es llegar a nuestro lugar de destino en el menor tiempo posible, todos queremos llegar a la casa en 5 minutos así sea que en realidad nos demoremos 1 hora. De ese modo, a menor tiempo mayor utilidad. Segundo, también la utilidad depende de la comodidad con que vayamos. En este caso si a una persona le toca en la puerta, como en un galpón de gallinas, su utilidad va ser menor; en cambio sí coge puesto y se va sentado, va a tener una mayor utilidad. En conclusión, tendríamos que la utilidad de una persona dependería de la acciones que hace para disminuir el tiempo y aumentar la comodidad.
¡Cierto, todavía nos queda la idea de que los fenómenos sociales los podemos explicar con decisiones individuales! ¡Acá es donde empiezan a servir años de estudiar economía! Como todos queremos demorarnos el menor tiempo posible y viajar de forma más cómoda, en especial coger puesto, la multitud va a actuar de dos maneras. La primera, va a haber una cantidad enorme de gente esperando las rutas más rápidas, además de un par de codazos, pellizcos y demás acciones útiles para abrir espacio y entrar y, la segunda, un par de trols en la entrada al D70 esperando algún carro vacío para tener puesto.
Con base en este análisis podemos sacar algunas conclusiones interesantes de cómo sobrevivir el día a día en el Transmilenio. Por ejemplo, si queremos llegar en un tiempo moderado y más cómodo (porque no nos gusta llegar cansados a ver la Tigresa del Oriente bailando en el prime time) podemos usar la aplicación de Transmilenio y buscar buses que no sean expresos, como el F1 que no es tan demorado y la gente no lo usa mucho porque tiene demasiadas paradas. Igualmente, si queremos evitar los empujones que traen los trols, es útil esperar algo de tiempo para que toda la multitud reaccione empujando, de tal forma que se abra un pequeño espacio en donde se pueda entrar de manera sigilosa y sin tanta incomodidad.
Para finalizar el viaje, me gustaría concluir una cosa. La ciencia económica utiliza la decisión individual para modelar fenómenos sociales. Aunque haya algunas fallas en la teoría, su funcionalidad permite entender comportamientos humanos complejos con simples supuestos, lo que da un marco conceptual para analizar problemática y encontrar diferentes soluciones, ya sea de política económica o de la vida diaria.